Arturo Gil asumió la presidencia a finales de los años 80, sucediendo a Felipe La Hoz. Fue un presidente de larga trayectoria, manteniéndose al frente del equipo por alrededor de 13 temporadas, hasta el año 2001.
Durante su gestión, los entonces Azucareros del Este lograron consolidarse competitivamente y alcanzaron uno de los mayores hitos históricos de la franquicia: el primer campeonato nacional.
En la temporada 1994-1995, bajo la presidencia de Arturo Gil, el equipo conquistó su primer título de LIDOM, al vencer en la Serie Final a las Águilas Cibaeñas.
Aquel campeonato de 1994-95 puso fin a años de espera y marcó una etapa histórica, ya que el equipo —conocido popularmente como los Toros del Este— representó a la República Dominicana en la Serie del Caribe de 1995, donde finalizó como subcampeón del clásico caribeño.
En la era de Arturo Gil también se registraron otros logros relevantes. El conjunto volvió a llegar a la Serie Final en la temporada 1992-1993, reflejando su progreso competitivo, aunque en esa ocasión cayó derrotado ante los Tigres del Licey.
Gil es recordado por reestructurar la organización y otorgarle estabilidad operativa. De hecho, se le atribuye haber “hecho campeón” al equipo tras asumir la presidencia pocos años antes del histórico título de 1995.
A finales de los años 90, durante su mandato, los Toros del Este enfrentaron uno de los desafíos más importantes de su historia institucional.
El Huracán Georges, en 1998, causó graves daños al Estadio Francisco Micheli, lo que obligó al equipo a pausar sus operaciones por dos temporadas consecutivas. Los Toros no participaron en las campañas 1998-99 ni 1999-2000, regresando finalmente en la temporada 2000-2001.
Esta ausencia temporal fue superada exitosamente bajo la dirección de Arturo Gil, con el respaldo del consorcio Central Romana, propietario del estadio.
Arturo Gil se retiró de la presidencia en el año 2001, dejando un legado de éxito y bases sólidas para el futuro de la franquicia.
Falleció en 2025, y la organización reconoció su liderazgo y calidez humana, destacando que su nombre permanece grabado en la historia taurina.